La edad de los milagros

Karen Thompson Walker

Grijalbo

Portada de La edad de los milagros
«Aún me sorprende lo poco que sabíamos realmente... Tal vez lo que nos sucedió a mi familia y a mí no tuviera nada que ver con la ralentización. Supongo que es posible. Pero lo dudo. Lo dudo mucho.»

La mañana de un sábado como cualquier otro, Julia y sus padres despiertan en su barrio residencial de California y descubren que la rotación de la Tierra se ha hecho más lenta. Los días y las noches se hacen cada vez más largos, la gravedad se altera, la naturaleza se sume en el caos. Mientras trata de orientarse en un mundo en permanente mutación, Julia deberá lidiar con sus desastres cotidianos: el matrimonio de sus padres, que hace aguas, la pérdida de una amiga, la zozobra ilusionada del primer amor o la extraña conducta de su abuelo, que se pasa el día catalogando obsesivamente sus posesiones, convencido de que es víctima de una conspiración gubernamental.

Book trailer La edad de los milagros

Autora Karen Thompson Walker

Karen Thompson Walker
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Karen Thompson Walker nació y se crió en San Diego (California), donde transcurre La edad de los milagros. Estudió Filología Inglesa y Escritura Creativa en la Universidad de California en Los Ángeles, donde escribió para el UCLA Daily Bruin. Al salir de la universidad trabajó como reportera en la región de San Diego una temporada, antes de trasladarse a Nueva York para cursar el programa MFA de la Universidad de Columbia.

Posteriormente trabajó de editora en Simon & Schuster y escribió La edad de los milagros por las mañanas, antes de entrar a trabajar. Había días que escribía hasta en el metro, de camino a la oficina.

"…escribió La edad de los milagros por las mañanas, antes de entrar a trabajar."

En 2011 ganó la beca de escritura Sirenland y el premio de narrativa Bomb Magazine. Actualmente vive en Brooklyn, con su marido.

Entrevista con Karen Thompson Walker

La "ralentización" que concebiste en este libro amenaza al mundo entero. ¿Por qué decidiste adoptar el punto de vista de Julia? ¿Qué es lo que hace de ella una narradora tan fantástica y una observadora tan sagaz del mundo que la rodea?

Karen Thompson Walker: Julia es una chica callada por naturaleza. Escucha más que habla. Observa más que actúa. Son estas virtudes las que hacen de ella una narradora nata. Julia habla de todo lo que recuerda haber percibido –sobre la ralentización, sobre sus padres y el resto de la gente– y es tremendamente perceptiva.

Creo que en parte es así de perceptiva porque es hija única. Yo también soy hija única y conozco esa realidad. Julia se pasa más tiempo sola que otros niños que tienen hermanos. De ahí la importancia que les da a sus amistades y el desconsuelo que la embarga cuando éstas empiezan a cambiar o a desintegrarse; de ahí también su euforia al establecer un vínculo emocional con Seth Moreno, que es igual de callado que ella. Julia es también muy sensible a la tensión que existe entre sus padres, que va en aumento a medida que avanza la ralentización.

Los efectos de esta “ralentización” en el hombre y el medio ambiente (alteración de la gravedad y las mareas, epidemias de insomnio y aumento de la impulsividad) están descritos con realismo y gran lujo de detalles. ¿Cómo hiciste para recrear los efectos que podría tener semejante fenómeno?

KTH: Al principio dediqué cierto tiempo a documentarme, pero mis detalles favoritos los encontré por casualidad, leyendo el periódico. En cuanto leía alguna historia que contenía algún detalle potencialmente relevante, lo hilvanaba al libro. Entre otros, leí y empleé estudios sobre desórdenes del sueño, artículos sobre nuevas tecnologías de cultivo en invernaderos y hasta reportajes sobre las reacciones de la gente y los gobiernos ante la crisis financiera.

El verdadero hueso de la investigación fue la física. Nadie sabe que pasaría exactamente si la rotación de la Tierra se ralentizara como sucede en el libro, con lo que gozaba de cierto margen. Aun así, algunos de los efectos que describo son más plausibles que otros. Una vez terminado el libro se lo pasé a un astrofísico para que verificara la exactitud científica de mis predicciones y me quedé en ascuas hasta que terminó de leerlo. Fue un verdadero alivio saber que había encontrado muchos detalles perfectamente plausibles, aunque también tuve que hacer un par de correcciones basadas en sus consejos.

En realidad, yo quería escribir un libro tan realista como fuera posible. Hace poco leí en The Guardian una entrevista del escritor portugués José Saramago en la que decía que sus libros versan sobre “la posibilidad de lo imposible”. Aunque la premisa del libro pareciera inverosímil, lo esencial para él era que el desarrollo de la premisa fuera lógico y racional. Eso es justamente lo que he querido hacer en La edad de los milagros.

Con “la edad de los milagros” te refieres a la que va de los doce a los catorce años, la de los niños que van a la llamada Middle School. ¿Qué tiene esta edad de especial?

KTW: Desde el principio sabía que Julia tendría esa edad. Por algún motivo, su voz (la de una mujer que rememora un momento concreto de su adolescencia) me vino a la cabeza en cuanto se me ocurrió la idea de la ralentización. No concebía otro modo de escribir la historia.

La adolescencia es una de esas etapas por las que todos tenemos que pasar y me parece una de las fases más extraordinarias de la vida. En los años de la adolescencia el mero trascurso del tiempo tiene dramáticas consecuencias, crecemos y cambiamos a una velocidad impensable. Por eso me pareció la perspectiva más natural para contar la historia de la ralentización, que en parte habla del paso del tiempo. Fue una forma de concentrarme en los detalles, en el grano fino de la vida cotidiana, algo que para mí era esencial. Me interesaba explorar las vías que encuentra la vida para seguir su curso, incluso en tiempos de profunda incertidumbre.

Algunos de los primeros lectores compararon la ralentización con la amenaza del cambio climático. ¿Pensaste en ello mientras escribías el libro? Y en caso contrario, ¿te sorprendió esta reacción? ¿Qué conexión crees que puede haber entre ambos fenómenos, si es que la hay?

KTW: La verdad es que en ningún momento traté de llamar la atención de mis lectores sobre los peligros del cambio climático, pero no me sorprende que algunos hayan establecido esa relación. Uno de los grandes desafíos que planteaba la escritura de la historia era el de imaginar la reacción de la gente ante la ralentización, una catástrofe de tal magnitud que prácticamente escapa a nuestro entendimiento, y que se desarrolla a un ritmo relativamente lento. Para ello traté de aprender de situaciones paralelas de nuestro mundo real, y el cambio climático es por supuesto una de ellas.

A medida que escribía el libro comencé a darme cuenta de que uno de los placeres secretos de esta clase de historias es que sirven para recordar lo preciosa y frágil que es la vida en la Tierra. En el libro, la amenaza a la que se enfrenta la naturaleza es la más acuciante de todas, con lo que hasta cierto punto es normal que a los lectores les recuerde a los fenómenos reales que amenazan nuestro mundo.

El libro refiere un sinfín de maneras de enfrentarse a una catástrofe de estas dimensiones: negación, fatalismo, teorías conspiratorias, etc. Los “horarios”, que deciden seguir viviendo según el ciclo solar, son uno de los hallazgos más fascinantes del libro. ¿Cómo se te ocurrió?

KTW: Toda sociedad tiene una facción disidente. Aunque el conflicto específico entre los que se rigen por el tiempo del reloj y los que lo hacen por el sol sea inventado, bebe de la clásica división entre lo natural y lo artificial, y entre el rebaño y el individuo. Me seducía la idea de que la vida conforme al ciclo solar congregara a extremistas de izquierdas y de derechas, desde los grupos ecologistas más liberales a las comunidades religiosas más conservadoras. Disfruté mucho analizando a los personajes conforme a las dos versiones distintas del tiempo.

Como Julia, tú te criaste al sur de California. ¿Hasta que punto afectó a la concepción y escritura de La edad de los milagros el haber crecido en un lugar donde los desastres naturales están a la orden del día?

KTW: Yo crecí en San Diego, en un callejón sin salida de casas adosadas muy parecido al lugar donde transcurre La edad de los milagros. En general, California me parece un sitio ideal para pasar la infancia, pero es cierto que a veces puede dar un poco de miedo. En la estación de los incendios el cielo se llenaba de humo y permanecía en el aire durante días, quemándonos la garganta y dándole a todo un tinte anaranjado. Recuerdo que al comienzo de un terremoto las ventanas vibraban y la lámpara de encima de la mesa del comedor se balanceaba hasta que terminaba el temblor. A veces me costaba conciliar el sueño, pensando que podía haber un terremoto o un incendio durante la noche. Ahora, al rememorar aquellos años, me doy cuenta de que la idea de la novela surgió en parte gracias a esta costumbre inveterada de imaginarme en mitad de un desastre.

Tampoco quiero dar a entender que me pasé la infancia aterrorizada, porque no es cierto. De hecho, uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi vida en California es el modo en que la gente parecía siempre ajena al peligro. Sabíamos que en cualquier momento podía llegar el temido “big one”, el terremoto gigantesco que los científicos habían augurado, pero la mayor parte del tiempo vivíamos como si no fuera a llegar nunca. La vida transcurría de forma idílica: jugábamos al fútbol, íbamos a nadar y nos íbamos paseando hasta la playa. Vivir en California supone siempre un punto de negación. Pero también lo supone el mero hecho de estar vivo. En La edad de los milagros me interesaba mucho plasmar esta sensación.

Compaginaste la redacción del libro con tu trabajo de editora. ¿Hubo algún conflicto entre lo que quería hacer de él la escritora y lo que te exigía la editora que llevabas dentro? ¿Crees que tu experiencia laboral en la edición cambió tu forma de escribir?

KTW: Trabajar en la edición me ayudó a escribir mejor, de eso no me cabe duda. Con el tiempo, el proceso de escritura y el de corrección y edición se fueron vinculando estrechamente, de modo que hoy la corrección es parte esencial de mi modo de escribir. No soy de esos escritores que pueden escribir cinco páginas de una sentada. Al contrario: corrijo cada frase a medida que avanzo, reordenando las palabras una y otra vez, como hacen los correctores. Los editores y correctores son una especie de lectores profesionales y estoy convencida de que al mejorar mi forma de leer mejoró también mi forma de escribir. En el fondo, como editora no hacía sino responder a las mismas preguntas que me planteaba cuando escribía: ¿Qué hace que una frase funcione? ¿Qué hace que una historia funcione? ¿Quién es tal o cual personaje? Al revisar cada capítulo de La edad de los milagros trataba de plantearme el ejercicio como si lo hubiera escrito otro autor. Trabajar en la edición también me enseñó que no se puede dar la atención del lector por descontado, que hay que ganársela. Había días en que la mesa del despacho se me inundaba de manuscritos, y los que más posibilidades tenían eran los que me enganchaban y me forzaban a pasar una página tras otra, los que no podía parar de leer.

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En qué consiste la ralentización

  1. Los expertos anuncian que la rotación de la Tierra ha comenzado a ralentizarse de forma súbita e inexplicable, prolongando la duración de un día en 56 minutos. El fenómeno se da en llamar “la ralentización”.

  2. La rotación sigue frenando. Los días se hacen cada vez más largos. Los relojes pierden su sincronía con el ciclo solar. El mundo entero es presa del pánico.

  3. La fuerza de la gravedad aumenta ligeramente, haciendo estragos en bolas de béisbol y aviones.

  4. Los días han pasado a durar 40 horas. Buena parte de la población comienza a padecer insomnio.

  5. En los largos días se registran temperaturas máximas sin precedentes y en las largas noches las temperaturas caen a valores mínimos de récord.

  6. Se registran los primeros casos del mal de la gravedad, también llamado “síndrome de la ralentización”. Los síntomas son diversos, pero están íntimamente relacionados: mareos, náuseas, fatiga y desmayos.

  7. El campo magnético de la Tierra comienza a mermar. La radiación se propaga por las capas altas de la atmósfera.

Elogios de la crítica

«La novela que ha revolucionado el panorama editorial internacional.»

—The Guardian

«Un impactante debut literario. Julia es una narradora perfecta. Una historia tan perturbadora como plausible.»

—Publishers Weekly

«Una novela luminosa, mágica, ambientada en un mundo en el que el tiempo deja de importar y lo ordinario se convierte en extraordinario.»

—Eithne Farry, Marie Claire

«Una lectura poderosa, inquietante pero sobre todo: fascinante.»

—Fanny Blake, Woman & Home

«Deslumbrante en su originalidad, devastadora en su ejecución. La edad de los milagros es uno de los debuts más impactantes que he visto.»

—Jo Ellison, Vogue

«La edad de los milagros entremezcla su magia resplandeciente con una prosa lucida y sincera. Es una carta  de amor al mundo tal como lo conocemos y una elegía.»

—Aimee Bender, autora de La insólita amargura del pastel de limón

«Le pregunté a mi directora si podía darle a este libro seis puntos sobre cinco. Con diferencia, mi libro favorito del año.»

—Charlotte Heathcote, Sunday Express

«Walker ha escrito una tierna novela de aprendizaje en un difícil final del mundo.»

—The New York Times